Greenpeace denuncia la construcción de 51.500 viviendas en la costa cántabra
Greenpeace presentó ayer el informe Destrucción a toda costa 2007, en el que denuncia la construcción de 51.500 viviendas en la costa de Cantabria.
A los planes de urbanización, la organización ecologista suma “la ilegalización de mil viviendas, que salpican una costa muy amenazada por los efectos del cambio climático y por la construcción de cuatro puertos deportivos”.
El documento, que repasa la situación del litoral español y sus amenazas, destaca diez puntos negros en Cantabria, entre ellos Castro Urdiales, en concreto la playa de Oriñón, con un “plan de restauración muy negativo” y un nuevo puerto deportivo; y Laredo, donde hay un plan urbanístico con informe negativo de impacto ambiental y un nuevo puerto deportivo.
También aparecen Noja, donde el ayuntamiento permite el aparcamiento en dunas y playas; Arnuero, con sentencia firme de demolición de la urbanización El Encinar; Santander, con la previsión de 37.000 nuevas viviendas en las inmediaciones del Parque Científico y Tecnológico; Piélagos, con sentencia de “ilegalidad” de la urbanización Costa Verde; Miengo, con un plan “muy negativo” de actuación en la playa de Usgo; Suances, con un nuevo puerto deportivo.
Completan la lista Valdáliga, por el campo de golf en las dunas de Oyambre en zona de servidumbre de costas y dentro del Parque Natural de Oyambre; San Vicente de la Barquera, con la construcción en La Argolla de viviendas “sin permiso” dentro del Parque Natural de Oyambre y un nuevo puerto deportivo.
Los principales datos del informe referidos a Cantabria son la construcción de 51.576 viviendas en la costa, 929 viviendas “ilegales”, un campo de golf, un caso de corrupción urbanística y los cuatro puertos citados con 3.252 amarres en total.
Según este estudio, una de las “mayores amenazas” para el litoral cántabro es el cambio climático, ya que, según el estudio realizado por la Universidad de Cantabria para el Ministerio de Medio Ambiente, una de cada cinco playas cántabras desaparecerá como consecuencia del ascenso del nivel del mar debido al cambio climático.
Se trata, explica, de las playas denominadas confinadas y que están limitadas por acantilados o estructuras artificiales (paseos marítimos, diques, espigones) que restringen o impiden su desplazamento hacia el interior o los lados. En longitud esta pérdida se traduce en 12,15 kilómetros, lo que supone más del 46 por ciento de los 23.37 kilómetros de playas que existen actualmente en el litoral de la comunidad autónoma.
Estos datos, según Greenpeace, “deberían hacer reflexionar, primero, y actuar en consecuencia, después, sobre las actuaciones que emprenden en el litoral”. A su juicio, Medio Ambiente “se empeña en seguir realizando obras de ingeniería dura”, como el proyecto de Recuperación y adecuación medioambiental del entorno natural de Usgo, en Miengo, o sus planes de “restauración ambiental” en la playa de Oriñón, en la localidad de Castro Urdiales, donde plantea construir un paseo marítimo de hormigón, una senda con bancos y pérgolas, una pista de volleyball y dos áreas de juegos infantiles sobre las dunas terciarias de este arenal, “en lugar de destinar sus esfuerzos y el dinero público a la regeneración de este espacio costero”.
A los planes de urbanización, la organización ecologista suma “la ilegalización de mil viviendas, que salpican una costa muy amenazada por los efectos del cambio climático y por la construcción de cuatro puertos deportivos”.
El documento, que repasa la situación del litoral español y sus amenazas, destaca diez puntos negros en Cantabria, entre ellos Castro Urdiales, en concreto la playa de Oriñón, con un “plan de restauración muy negativo” y un nuevo puerto deportivo; y Laredo, donde hay un plan urbanístico con informe negativo de impacto ambiental y un nuevo puerto deportivo.
También aparecen Noja, donde el ayuntamiento permite el aparcamiento en dunas y playas; Arnuero, con sentencia firme de demolición de la urbanización El Encinar; Santander, con la previsión de 37.000 nuevas viviendas en las inmediaciones del Parque Científico y Tecnológico; Piélagos, con sentencia de “ilegalidad” de la urbanización Costa Verde; Miengo, con un plan “muy negativo” de actuación en la playa de Usgo; Suances, con un nuevo puerto deportivo.
Completan la lista Valdáliga, por el campo de golf en las dunas de Oyambre en zona de servidumbre de costas y dentro del Parque Natural de Oyambre; San Vicente de la Barquera, con la construcción en La Argolla de viviendas “sin permiso” dentro del Parque Natural de Oyambre y un nuevo puerto deportivo.
Los principales datos del informe referidos a Cantabria son la construcción de 51.576 viviendas en la costa, 929 viviendas “ilegales”, un campo de golf, un caso de corrupción urbanística y los cuatro puertos citados con 3.252 amarres en total.
Según este estudio, una de las “mayores amenazas” para el litoral cántabro es el cambio climático, ya que, según el estudio realizado por la Universidad de Cantabria para el Ministerio de Medio Ambiente, una de cada cinco playas cántabras desaparecerá como consecuencia del ascenso del nivel del mar debido al cambio climático.
Se trata, explica, de las playas denominadas confinadas y que están limitadas por acantilados o estructuras artificiales (paseos marítimos, diques, espigones) que restringen o impiden su desplazamento hacia el interior o los lados. En longitud esta pérdida se traduce en 12,15 kilómetros, lo que supone más del 46 por ciento de los 23.37 kilómetros de playas que existen actualmente en el litoral de la comunidad autónoma.
Estos datos, según Greenpeace, “deberían hacer reflexionar, primero, y actuar en consecuencia, después, sobre las actuaciones que emprenden en el litoral”. A su juicio, Medio Ambiente “se empeña en seguir realizando obras de ingeniería dura”, como el proyecto de Recuperación y adecuación medioambiental del entorno natural de Usgo, en Miengo, o sus planes de “restauración ambiental” en la playa de Oriñón, en la localidad de Castro Urdiales, donde plantea construir un paseo marítimo de hormigón, una senda con bancos y pérgolas, una pista de volleyball y dos áreas de juegos infantiles sobre las dunas terciarias de este arenal, “en lugar de destinar sus esfuerzos y el dinero público a la regeneración de este espacio costero”.

