lunes, 31 de diciembre de 2007

"San Glorio y los dolores de cabeza"

"Imagine que sufre fuertes dolores de cabeza y acude a su médico habitual. Sucesivas pruebas diagnósticas no detectan una causa concreta que pueda explicar sus molestias. Los dolores perduran y usted se impacienta. «Quiero una solución», insiste una y otra vez, hasta el punto de solicitar la receta de unas pastillas de las que ha oído hablar efectos milagrosos. El médico se las desaconseja, pero termina recentándoselas. En unos meses regresa a la consulta con los mismos dolores y con problemas digestivos inducidos por la medicación. «Verá -le explica ahora el doctor-, en realidad esas pastillas están indicadas para el corazón». "Pero si mi corazón funciona perfectamente», replica usted incrédulo. «Ya, pero insistió tanto »

El caso es absurdo, pero sólo desde la exageración se comprenden algunos comportamientos. Si en la medicina una negligencia así sería impensable, ésta es por el contrario una práctica habitual en política. Un ejemplo muy claro es el proyecto de la estación de esquí de San Glorio. Nadie cuestiona que la Montaña Palentina y la montaña oriental leonesa padecen problemas de despoblación y de falta de alternativas económicas. La inyección de fondos europeos, el desarrollo del turismo rural y las iniciativas institucionales no han sido suficientes para mejorar la situación. Si seguimos con el símil médico, podríamos afirmar que a la montaña cantábrica le duele la cabeza.

Sin embargo, desde que un consorcio empresarial planteara la construcción de una estación de esquí en el área del puerto de San Glorio, los vecinos han visto en esa alternativa una solución salvífica capaz de revitalizar la zona. La Administración autonómica se ha rendido a esta petición y los dos grandes partidos políticos han respaldado la iniciativa, conscientes de que su oposición supondría una sangría de votos en las zonas afectadas.

Lo grave es que, como un médico negligente, los políticos firman una receta en la que no confían. Sin la presión ciudadana nunca se hubieran planteado aceptar la estación, un proyecto que saben ineficaz e irresponsable. En la redacción del Plan de Ordenación del Parque Natural de la Montaña Palentina (Decreto 140/1998, de 16 de julio) rechazaban expresamente la construcción de pistas de esquí alpino con la convicción de que causarían un daño irreparable a la zona y amenazarían la supervivencia del oso pardo, hoy noticia más que nunca por la aparición de varios ejemplares muertos en el último año.

Posteriormente, cambiaron la letra de ese plan e incluyeron acotaciones 'ad hoc' con el único fin de abrir la puerta al proyecto de San Glorio (Decreto 13/2006, de 9 de marzo). El descaro de la Junta de Castilla y León es tal que gracias a las modificaciones podría prohibirse a un excursionista pasear por los hayedos del norte de Peña Redonda con la excusa de preservar «un área de refugio y alimentación del oso pardo», al mismo tiempo que se permite que miles de esquiadores accedan en remontes hasta las inmediaciones del pico Tres Provincias, una zona con equivalente nivel de protección al de Peña Redonda y al que el propio decreto califica como de «vital importancia» para el plantígrado. Pero, quizás, el mayor malabarismo para intentar conciliar una cosa y su contraria es la nueva redacción del artículo 27 que da luz verde a la «instalación de infraestructuras» en el área denominada «Espigüete, Altos de Cardaño, Curavacas Sur», que se designa expresamente como una «unidad de especial fragilidad» por sus «singulares valores» ecológicos y paisajísticos.

Los partidarios del proyecto se justifican: «¿Por qué no intentarlo? Merece la pena el sacrificio si va a suponer una mejora en la calidad de vida de los habitantes de la montaña y, en caso contrario, siempre podrían desmantelarse los remontes». Muchos firmes defensores del medio ambiente sacrificarían su ortodoxia y su militancia ecologista si San Glorio pudiera suponer una revolución en la economía de la comarca. Pero la realidad es tozuda y ningún indicio hace pensar en la viabilidad económica de la estación. En una carta enviada a un periódico de tirada nacional con el título 'Sobre coches y osos', un lector defendía el proyecto citando como ejemplos de desarrollo los casos de Baqueira-Beret, Candanchú y Formigal, todas estaciones situadas en Huesca y Lérida. Es éste un lugar común en el discurso de los defensores del proyecto, que se han acostumbrado a echar la mirada al Pirineo cada vez que el tema de San Glorio aparece en una conversación. Curiosamente, olvidan nombrar los casos existentes en la Cordillera Cantábrica, mucho más cercanos. No es un olvido inocente. No pueden hablar de ellos porque se quedarían sin argumentos: no son rentables, todos tienen problemas de apertura por escasez de nieve y, sobre todo, basta recorrer sus zonas de influencia para comprobar que su creación no ha supuesto una dinamización económica y social de sus comarcas, ni un freno a la despoblación.

Si la administración errónea de un medicamento no suele ser inocua, este caso no es una excepción. Montañas de 2.000 metros existen en toda la península, pistas de esquí también, y con mayor innivación anual, más kilómetros esquiables, mejores accesos y próximas a grandes centros de población. Lo que distingue a la montaña palentina del resto de los ecosistemas montañosos peninsulares, e incluso europeos, es la pervivencia del oso pardo. Ésa es su gran riqueza, su singularidad y su mejor carta de presentación. Pero también su eslabón más vulnerable.

El oso nunca será un obstáculo para el progreso y no lo es tampoco ahora. Aceptemos que la construcción de las pistas de San Glorio minimizase tanto su impacto que no afectara al animal. En ese caso tampoco habría motivo para levantar unas infraestructuras que no añadirían nada a la economía de la zona. El escenario más probable en unos años será el de una estación cadavérica que pasará a manos públicas tras la espantada de las empresas privadas, después de haber recogido, eso sí, las sustanciosas subvenciones que se han apresurado a solicitar. Mientras, los remontes permanecerán como testimonio irresponsable de una mala gestión. Se me podrá reprochar que me anticipo a los acontecimientos sin argumentos. Pero ahí siguen, por citar sólo dos ejemplos de desmanes similares, el edificio en ruinas del Golobar, o el esperpento de hormigón en la cima del Pico Lobo, en el Sistema Central, los dos construidos para una estación de esquí.

Las soluciones para sacar adelante el norte palentino no son sencillas y, lo admito, nos las conozco. Lo que sé con seguridad es que no existen fórmulas milagrosas ni funcionan los atajos. La suma de iniciativas menos ambiciosas, con resultados a largo plazo, es la mejor alternativa. La casa-museo del oso, abierta en Verdeña gracias a la Fundación Oso Pardo, es un buen ejemplo de cómo emprender proyectos sostenibles capaces de arrastrar un turismo respetuoso.

Cuidado con los malos diagnósticos. Ahora nos duele la cabeza y mañana podemos acabar también con nuestro sistema digestivo."

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